El invierno en moto no es para todo el mundo. Las carreteras vacías tienen su encanto, pero basta una placa de hielo para que se acabe el romanticismo. El hielo y el hielo son una zona de "game over" absoluta para los motoristas: sin advertencia, sin piedad. Si conduces una moto en invierno o a principios de primavera, tienes que cambiar de mentalidad. No conduces "normalmente". Conduces en modo de máxima precaución.

No puedes ver el hielo. Ése es el problema.
La mayor traición de las carreteras invernales no es la nieve. Es el hielo, que a menudo no se ve en absoluto.
Presta especial atención a: puentes y pasarelas, tramos boscosos, zonas sombrías, valles y alrededores de agua y salidas de pueblos. Cuando veas asfalto mojado con temperaturas cercanas a cero, tómalo como una advertencia: puede ser resbaladizo. El hielo negro es una capa fina y transparente de hielo. Parece mojado, pero en realidad es una pista de hielo.
Suele aparecer por la mañana o al atardecer, después de una llovizna y con temperaturas ligeramente superiores o inferiores a cero. Para los motoristas, ésta es la peor combinación: no tienes ningún aviso.
Frenos: aquí es donde se parte el pan
En invierno, sigue las reglas básicas. Frena con suficiente antelación, evita los apretones bruscos y las reacciones de pánico. Porque frenar es diferente en invierno que en verano. Ten mucho cuidado en las curvas. Primero reduce la velocidad y luego gira. Una vez en la inclinación, el margen de error es mínimo.

Cuando se sale: la cabeza es la que decide.
Un derrape no significa automáticamente un accidente. El verdadero problema suele surgir cuando cunde el pánico. Si se sale la rueda delantera, la clave está en soltar inmediatamente el freno, no intentar tirar de la moto con fuerza y darle espacio para que se endereze. Si se sale la rueda trasera, hay que soltar suavemente el acelerador, soltar el freno trasero y mantener la dirección sin movimientos bruscos. Las reacciones bruscas y los movimientos bruscos de la dirección son una de las formas más comunes de sufrir una caída en condiciones invernales.
La conducción invernal no tiene nada que ver con el ego. En condiciones frías , se trata de fluidez, calma y trabajar con el espacio. Hay que conducir más despacio, con más distancia respecto a los demás vehículos, con un acelerador suave y las manos relajadas. Los neumáticos fríos tienen mucho menos agarre, por lo que es una buena idea tratar los primeros kilómetros como un calentamiento y comportarse como si se condujera sobre asfalto ligeramente lubricado.
El equipamiento de invierno no es sólo una cuestión de comodidad, sino de seguridad. Unas manos heladas reducen la sensibilidad de los frenos y el acelerador, y un cuerpo rígido ralentiza las reacciones. Unos puños o guantes calefactables, una chaqueta cortavientos, unos pantalones cálidos, unas buenas botas y un calentador de cuello o pasamontañas para mantener el cuello y la cabeza calientes marcan una gran diferencia. Cuando un motorista tiene frío, conduce con más dificultad, y esto se multiplica en condiciones invernales. Todo el equipamiento que necesitas está disponible en motoshop motozem.cz.

También hay situaciones en las que es más prudente no sacar la moto en absoluto. La nieve fresca, el hielo visible, la conducción con neumáticos de verano, una ruta desconocida en tiempo gélido o el frío extremo aumentan considerablemente el riesgo de accidente. En esos días, es mejor dejar las llaves en casa, ya que el monopatín puede esperar, pero hay que volver a pie.
Las normas básicas de invierno para los motoristas se pueden resumir de forma sencilla: espera hielo prácticamente en todas partes, reduce la velocidad antes de que sea demasiado tarde, frena siempre con tacto, conduce con suavidad, abrígate y, sobre todo, no hagas esfuerzos excesivos. Una combinación de sentido común, calma y respeto por las condiciones es lo que te mantendrá sobre dos ruedas en invierno.
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Autora: Jana Prnková